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5 de julio de 2021

Las Rabietas de los niños en la etapa de infantil

Las rabietas son una de las particularidades más distintivas de los niños de infantil. En estas edades los niños se encuentran en una etapa que deben atravesar dado que está construyendo su propia personalidad. La clave es saber cómo lidiar con las rabietas para que no las utilicen para influir en sus padres y lograr ciertas cosas con ellas. Por estas razones, a continuación, profundizaremos en este comportamiento.

¿Qué es una rabieta?


Se entiende por rabieta aquellas acciones del niño muestra cuando no se satisface sus deseos y que tienen como finalidad obtener aquello que no han podido conseguir de otro modo (lloran, gritan, se tiran al suelo, dan pataletas, etc.).

Los berrinches de los niños siempre tienen algún motivo, están relacionadas con el aumento de independencia y el deseo de obtener la atención deseada. Tratar las rabietas no significa castigar. Los padres debemos proporcionar modelos de conducta a imitar por nuestros hijos, por ello, a la hora de pedir algo que queremos, tendríamos que hacerlo adecuadamente, sin dar voces. No podemos regañar a nuestros hijos por tener una rabieta cuando nosotros mismos no somos capaces de controlar nuestro comportamiento ni nuestro mal humor. Por lo tanto, si nuestro hijo muestra rabietas con frecuencia, podemos intentar prevenirlas siguiendo algunas pautas: 

· Proporcionar a los niños opciones para escoger, esto proporcionará control sobre cosas de poca importancia.

· Avisar de los cambios con tiempo. Algunas de estas rabietas pueden ser prevenidas si se trasladan con 10 minutos de anticipación, en lugar de pedirle de repente que deje inmediatamente de hacer lo que está haciendo.

· Aprender a distraerlo. Si observamos que se puede producir la frustración, intentar dirigir la atención del niño hacia otra actividad atractiva.

· Alentar a su hijo para que exprese sus emociones con palabras como estoy triste, enfadado, alegre, etc.

· Proporcionar estabilidad junto con todas las personas que intervienen en el niño. Todas deben seguir las mismas pautas: pareja, abuelos, profesores...

Si el momento de la rabieta ya ha surgido, ¿Cómo debéis actuar en ese delicado momento?

1. Lo primero es mantener la calma. Los niños no deben ver a su padre o madre molestos. Los niños no deben darse cuenta de que su comportamiento ha cambiado a sus padres, haciéndolos sentir incómodos o que existe una contradicción entre sus sentimientos y lo que dicen

2. Ignorar mientras se observa y realizar otras tareas mientras continúa la rabieta. Si el niño está en un lugar seguro, incluso puedes salir de la habitación y contemplar la situación desde la distancia. Es muy importante saber que ignorar la rabieta no es rechazar al niño emocionalmente, sino retirar la atención de la rabieta y hacer que el niño adopte comportamientos más apropiados.

3. Evitar las sanciones y los castigos. Se deben emplear con cuentagotas y cautela dado que un castigo repetido muchas veces pierde su poder sancionador y corrector.

4. Tener constancia. La rabieta no debe tener éxito nunca. El niño debe saber que se está hablando en serio y no se va a cambiar de idea.

5. Después de que pase la rabieta, actuar con toda naturalidad, se continua con la actividad que se abandonó, se sigue merendando, jugando, etc.

Los niños de temperamento explosivo necesitan estimulación positiva, sus buenas conductas y esfuerzos por controlarse deben ser elogiados y premiados por vosotros mediante abrazos y comentarios agradables que refuercen su actuación.

Para finalizar, hay que recordar que todos los niños son únicos y diferentes, por lo tanto, las sugerencias mencionadas puede que no se ajusten a su realidad familiar, sin embargo, después de leerlas entenderás mejor como enfrentar y controlar las rabietas en tus hijos.


24 de marzo de 2020

Juegos de atención y concentración

En estos días de confinamiento, conseguir actividades para realizar en casa puede suponer un gran reto para las familias, si además le sumamos el trabajo telemático, puede suponer que terminemos recurriendo a la gran pantalla como medio para tener distraídos a nuestros hijos. 

Mi consejo es no abusar de la televisión y hacer otro tipo de actividades en casa, usando objetos y juguetes que tengamos en ese momento.

Aquí os dejo algunas actividades que podéis realizar en casa y que además ayudan a fomentar la capacidad de concentración.

3 de noviembre de 2016

10 formas divertidas de favorecer el aprendizaje de tus hijos

1. Rompe moldes, literalmente. Deja de comprar cajas con artilugios que prometen resultados espectaculares para aumentar la inteligencia del niño. En lugar de eso, déjate guiar por el propio niño. Tómate tiempo para observar qué le interesa, y podrás empezar a ver tu entorno de una forma nueva.



2. Organiza un viaje a tu propio jardín o al parque de al lado. Es estupendo salir a visitar una granja o al zoo, pero no hace falta ir tan lejos para despertar el cerebro de tu hijo. Los niños reciben una gran cantidad de estímulos intelectuales en su propio jardín o en el parque del barrio, donde pueden ser testigos del milagro de las briznas de hierba que se mecen con el viento, con las casas que construyen las hormigas, y toda la abundante vida que bulle en el suelo y la vegetación. 

3. Fíjate en los números: están por todas partes. Igual que puedes ver rectángulos en los edificios, o círculos, triángulos y hexágonos en las señales de tráfico, los números están por todas partes y aparecen a cada paso en la vida de los niños. Cuando el niño reparte las patatas fritas con sus amigos, o comprueba que hay suficiente pastel para todo el mundo, está aprendiendo matemáticas. 

4. Anima al niño a aprender el sentido de los números en su contexto. Todos aprendemos mejor cuando aprendemos algo significativo. Un niño aprende más sobre el valor del dinero si tiene la oportunidad de ganarse unas monedas en un puesto de refrescos, y ve qué puede comprarse con ellas, de lo que nunca aprenderá haciendo fichas. 

5. Enséñale a tu hijo que leer es divertido. Si compartes tu entusiasmo por la lectura y el niño te ve absorto/a leyendo un libro o un periódico, le estarás mostrando de forma indirecta la importancia y el disfrute de la lectura. 

6. Practica la lectura dialógica. No basta con leerle al niño. Pídele al niño que piense en un final distinto, hablad del libro desde su propia experiencia. 

7. No insistas en que hay una sola manera correcta de hacer algo. Si tu hijo encuentra una solución nueva para un problema, ¡fenomenal! 

8. Permite que tenga tiempo y espacio para sí mismo. A veces los niños necesitan desconectar de los amigos y estar a su aire. Puede parecer como si no estuvieran haciendo “nada”, pero en realidad cuando “no hacen nada” también están aprendiendo muchísimo. Los niños necesitan poder ser espontáneos. 

9. Deja que tu hijo lleve la batuta. Si jugáis juntos y tú participas controlando demasiado el juego, el niño perderá interés y tú habrás perdido la oportunidad de permitirle imaginar y crear. 

10. Apúntate a la diversión. Unirse al juego de los niños puede ser el mayor reto al que los padres se puedan enfrentar. ¡Pero merece la pena!

16 de mayo de 2015

Como ayudar a los niños a aumentar su vocabulario

En la época infantil, el ser humano se encuentra en constante desarrollo en todas las facetas de su vida. El lenguaje en esta época también sufre cambios y, por lo general, aumenta y progresa, adquiriendo hábitos y formas que moldearán la personalidad del niño y les permitirá comunicarse con los diferentes interlocutores. Es esencial dar la posibilidad de que el niño adquiera un lenguaje rico y variado, lo que facilitará que se comunique de una forma más abierta, mejor y consolidada en cualquier contexto. Para ello, es necesario ayudar a los menores a que enriquezcan su lengua desde pequeños y a que adquieran palabras nuevas.

Propuestas para favorecer el vocabulario en los niños de infantil.


1. Para ayudar a un niño a que aumente su vocabulario, es esencial ponerlo en contacto directo con la lengua y con el acto comunicativo para que encuentre barreras en las palabras desconocidas. Lectura, televisión adaptada a su edad, juegos en grupo c
on otros niños en los que deban hablar son los medios más idóneos para poner en marcha el plan.

2. Cuando los niños se enfrenten a palabras desconocidas, para explicarles el significado y que lo memoricen, una buena estrategia es dramatizar mediante el teatro, la expresión corporal, y así interpretarles el significado de la palabra. De esta forma la grabarán en su memoria y no la olvidarán.


3. Mediante objetos es también posible acercar al niño al lenguaje y a la ampliación de su vocabulario. Mostrarles un objeto que represente una palabra determinada, les ayudará a memorizarla.

4. Los juegos de palabras también les ayudarán a aprender divirtiéndose: crear palabras que comiencen con una letra, realizar rimas, las palabras encadenadas, etc.

5. La lectura de cuentos o cualquier otro tipo de libros por ellos mismos o por los padres les adentrará en la escucha de palabras nuevas que llamarán su atención y que podrán descubrir a través de su contexto.

6. Las fotos y dibujos harán que el niño también adquiera conceptos nuevos y que los aprendan de forma rápida y mecánica.

7. Llevarlos a situaciones en las que tengan que hablar y expresarse, de esta forma pondrán en práctica su vocabulario y pedirán ayuda cuando no puedan expresarse, aprendiendo palabras nuevas.

Algunas actividades para mejorar el vocabulario en infantil.
Podemos utilizar:
  • Nombres de los amigos y las mascotas: Una vez que los niños conozcan las letras podemos empezar a jugar con palabras fáciles y de pocas sílabas y que tengan significado para ellos, por ejemplo, aprender a escribir su nombre, el de su mejor amigo o el de su mascota si la tienen.
  • Las letras del abecedario: Para los más pequeñitos podemos hacer unas tarjetas con todas las letras del abecedario y dos cajas una para vocales y otra para consonantes. Según las tarjetas que cojan llevarán su letra a la caja que corresponda. Igual haremos con letras mayúsculas y minúsculas. 
  • Clasificaciones: Jugaremos haciendo diferentes clasificaciones adaptándolas al nivel que corresponda. Algunos ejemplos pueden ser:
    • Clasificación de palabras según el número de letras que las componen.
    • Clasificación de palabras según el número de sílabas (monosílabas y polisílabas).
    • Clasificación según el tipo de palabra (adjetivos, sustantivos, adverbios…).
Con estos juegos poco a poco irán aprendiendo nuevas palabras y su significado. Además podemos trabajar con tarjetas o pictogramas desde el aula que estén relacionados con la unidad de programación que se esté llevando a cabo en ese momento o desde casa para reforzar algunas palabras con las que el niño tiene un mayor grado de dificultad.

Ejemplo:
  • Animales: Tarjetas con diferentes animales a clasificar en cajas de vertebrados e invertebrados, carnívoros, herbívoros y omnívoros etc.
  • Partes del cuerpo: Tarjetas del cuerpo humano a clasificar en cajas de huesos y músculos.

10 de mayo de 2015

Pautas para prevenir la agresividad en Educación Infantil

Muchos niños muestran comportamientos agresivos como pegar, empujar, arañar o morder. Este comportamiento suele aparecer al comenzar Educación Infantil, pero en algunos casos se prolonga a
lo largo de los años escolares.
La presencia de estas conductas hasta los 5 o 6 años puede ser un proceso normal, ya que a esa edad, la capacidad de autocontrol es todavía reducida. Pero aunque su presencia forme parte del desarrollo, se trata de comportamientos inadmisibles que hay que corregir.
El comportamiento agresivo tiene consecuencias negativas para los demás niños porque puede provocar daños y heridas importantes. Pero también tiene consecuencias para el propio agresor. Si este comportamiento se repite, el niño será rechazado y evitado por los demás. Además, está aprendiendo una forma inadecuada de actuar que cuando sea un poco mayor le traerá consecuencias negativas; y por último, un niño o niña agresivo, se arriesga a que sea también objeto de una agresión como respuesta a su conducta por otro niño.


MEDIDAS QUE DEBEN ADOPTARSE

1º. Hablar con el niño
- Explicar que las conductas violentas como arañar o pegar son inadecuadas y las consecuencias negativas que  tienen para los demás niños y para él mismo.

2º. No exponer a escenas violentas
- Deben evitar a toda costa que los niños presencien escenas violentas, ya sean en películas, videojuegos, espectáculos deportivos, etc.
- Los niños no distinguen entre la realidad y la ficción y tratarán de reproducir esas situaciones en su vida real.

3º. Ejemplo en el hogar
- Los niños aprenden por imitación, el ejemplo que le den a su hijo o hija será decisivo.
- El niño debe ver en sus padres un modelo de afrontar las  situaciones dialogando, negociando, pero sin recurrir a la violencia física o verbal. Tengan en cuenta que su hijo les
observa y escucha siempre.


4º. Enseñar otras opciones
- Los padres deben enseñarle de manera concreta alternativas a su conducta, es decir, cómo puede resolver las situaciones de otra manera.
- Esto se suele hacer a partir reflexionando sobre episodios sucedidos en el colegio o en contacto con otros  niños, por ejemplo, en el parque.



5º. No refuerce las conductas agresivas
- Sin querer, muchas familias “premian” el comportamiento agresivo de su hijo. Bromeando, presumen de esta forma de ser ante otros familiares y amigos con comentarios como “preferimos que él pegue a que le peguen”. De esta forma están aprobando el comportamiento de su hijo o hija.
- En otros casos, se etiqueta al niño como “pegón”, lo que también refuerza este tipo de conductas.

6º. Elogie y apruebe
- Sorpréndalo resolviendo las situaciones adecuadamente, con sus hermanos u otros niños.
- En esos casos, préstele una especial atención, elógielo y apruebe su conducta.
-  Será una forma muy concreta de decirle: “así me gustaría que actuaras la próxima vez”.




7º. Adopte medidas
- Cuando el niño pegue o agreda a otro niño, adopte medidas de manera que ese comportamiento tenga consecuencias negativas. Las medidas se deben adoptarlo antes posible.
- En primer lugar regáñelo y déjele bien claro que no quiere que se comporte así.
- Si acaba de presenciar una reacción violenta, utilice la técnica de “tiempo fuera”: déjelo en un lugar aburrido pero supervisado, tantos minutos como años tiene.
- Otra forma de actuar, consiste en retirarle algunos privilegios: como no poder ver la TV, o retirarle un juguete. Aquí, el criterio general será retirárselo tantas horas como años tiene.

8º. Si nada funciona
- Si a pesar de todas las medidas, y pasado un tiempo prudencial el niño o la niña continúa con una conducta agresiva, sería necesario que un especialista valorara el comportamiento para proponer un programa de mejora más personalizado.


2 de mayo de 2015

Celos entre hermanos

Ciertas conductas disruptivas, como desobediencia, agresividad, terquedad, etc., son las que con más frecuencia requieren nuestra atención a petición de padres o profesores. En muchas ocasiones son los propios padres los que argumentan que se ha producido ese cambio de conducta a consecuencia del nacimiento de un hermano y se “explican” por la aparición de “los celos”.

El nacimiento de un hermano altera las relaciones de los padres con el primogénito, creando un claro cambio en la conducta de éste ( aumento en las demandas de atención, conductas negativas dirigidas a los padres, alteraciones en la comida y sueño, pérdida del control de esfínteres, etc.), pero también se observan cambios positivos en algunos niños ante el mismo suceso vital ( comer solo, vestirse solo o usar el aseo sin ayuda). Por lo que las consecuencias son distintas depende el caso: mientras unos niños muestran perturbaciones, otros aumentan sus habilidades para enfrentarse a la situación.

1. El príncipe destronado
El niño a lo largo de su desarrollo vive inmerso en un mundo de continuos cambios que le provocan satisfacciones, tensiones y crisis. Le hacen avanzar a través de una carretera con rectas y curvas, pero, de un modo u otro, avanza. El niño, en la carretera del crecimiento, atraviesa el tramo de los celos, un problema tanto para él como para sus padres.

El nacimiento de un hermano es un suceso estresante para el niño por la pérdida de afectividad y atención recibida hasta ese momento. Quizá los padres no sena conscientes de ello, pero el niño vive la llegada del bebé con desasosiego y desesperanza. 

Conviene aclarar que los celos son la respuesta normal a una situación especial (celos positivos), siempre que no llegue a ser patológico (celos negativos). Si quedan mal resueltos, es decir, el niño no acepta a su hermano o la nueva situación familiar creada, los celos pierden la función evolutiva y progresivamente se extenderán a los otros ámbitos de la vida. El niño celoso imagina, inventa, interpreta erróneamente y exagera situaciones, como vigilar con una potente lupa de aumento (“interés vigilante”) si le ha correspondido la parte más pequeña de la tarta de cumpleaños.

La idea que subyace en los celos es el desplazamiento y la pérdida del poder que de la noche a la mañana se desvanece sin remedio, y con un “culpable”. Esto se conoce como el síndrome de destronamiento. Como cualquier persona que pierde poder intenta recuperarlo con los medios a su alcance…deténganse a pensar por un momento que sentiría o haría si fuese un príncipe destronado…

2. Celos y Envidias
Los celos se basan en el amor y su objetivo es poseer el objeto amado y excluir al rival. En cambio, la envidia trata de una relación de dos partes en la que el sujeto envidia a otro por alguna posesión o cualidad. En pocas palabras, se tiene celo cuando se desea algo que ya se ha poseído con anterioridad pero ahora se ha perdido; mientras que se envidia lo que nunca se ha poseído y es de difícil obtención para el sujeto envidioso.

3. Los padres ante el niño celoso
Un niño celoso es un niño estresado. Es natural que reaccione y proteste a la vez que luche por recuperar el cariño y la atención de su madre. ¿Cómo pueden reaccionar los padres ante esta situación? Una de las estrategias es compartir equitativamente el afecto de los padres con su rival, pues aunque lo interprete como una pérdida, no se trata más que la redistribución del tiempo y atención destinada a cada uno.

Por otro lado, los padres deben tener presente que la educación de los hijos supone el respeto a las características diferenciales e individuales de cada persona. Porque no hay dos hijos iguales, del mismo modo que tampoco los padres son exactamente iguales en la educación de cada hijo. La hipervigilancia de los padres novatos no existe en el segundo hijo, y no es lo mismo educar a un hijo obediente que a uno desobediente, a uno tranquilo que a otro nervioso, etc. Los padres, en general, tienen la creencia de que a los hijos hay que educarlos del mismo modo. Pues no.

Educar en la igualdad y pensar que los hijos son iguales, son aspectos que fomentan los celos. A los hijos se les debe dar las mismas oportunidades, pero la educación no tiene por que ser necesariamente la misma, primero porque no hay dos niños idénticos por muy hermanos que sean; segundo, porque la predisposición y actitud de los padres son distintas de un hijo a otro.

4. Aprender a ser hermano
El hermano menor, conforme va creciendo, imita las conductas del mayor. Los padres deben considerarlo para evitar la imitación de conductas de agresividad y desobediencia que el hijo celoso puede tener hacia los progenitores.

Los celos no suelen aparecer hasta los dos años. Por lo tanto, es lógico pensar que la rivalidad fraterna se intensifica cuando el nuevo hermano empieza a andar e invade el territorio y el espacio del hermano mayor. Pensad que el período más importante en la formación emocional, social y cultural es el que transcurre entre 1 y 6 años.

5. Apego e interacción padres-hijo
Los celos son inevitables en la fase de independencia de la figura de apego pues la aparición de un nuevo hermano se agrava con nuevas exigencias y normas imprevistas de las que estaba exento hasta ahora. Esta etapa suele ocurrir entre los 12 y 24 meses, donde el niño entra en conflicto de alejamiento y acercamiento a la figura de apego.
La desaparición de esta figura de apego lleva a que el niño vivencie 3 fases: protesta, desesperación y desapego.
También se observan conductas de poder y sometimiento en la relación entre hermanos. Niños con problemas de seguridad, autoestima y relación con los demás, encuentran en su hermano pequeño al sujeto propicio para proyectar sus frustraciones y angustias. Estos niños fantasean con la superioridad y dominio que ejercen respecto a su hermano, el cual, se somete a la obediencia. Así el mayor mantiene su propio problema pues, en vez de solucionarlo, lo está anclando aún más si cabe con esta interacción.

6. ¿Cómo aparecen los celos?
Toda conducta está sujeta a factores que predisponen, precipitan y mantienen su manifestación. Entre los factores predisponentes se encuentra la edad, la diferencia de edad entre los hermanos, la composición de la familia, el temperamento del niño y la calidad de la relación establecida con los padres. El principal factor desencadenante es el nacimiento del hermano y se incluyen en los factores de mantenimiento la comparación excesiva entre hermanos, la excesiva atención al hermano menor, el incremento de órdenes y exigencia, el refuerzo de conductas celotípicas y ser hermanos del mismo sexo.

7. Manifestaciones conductuales de los celos
Desobediencia: En el niño celoso la desobediencia es una forma llamativa de fastidiar a sus padres y obtener atención aunque sea a través de la reprimenda y el grito
Conductas de búsqueda de atención: suelen ser más llamativas cuanto más se le ignore. Ante la falta de respuesta se necesita aumentar la frecuencia o intensidad hasta el punto que los padres estallan y desvían la atención al niño celoso.

Retraimiento: Algunos niños se vuelven más introvertidos por el descenso de autoestima ya que se sienten apartados de la nueva situación familiar. El niño tras mostrarse inseguro y temeroso se refugia en su mundo donde se encuentra bien, cómodo y seguro.

Llanto: Mediante el llanto y las rabietas se presiona a los padres y reclaman la atención y consiguen que ese llanto chillón desespere a los mayores cayendo en la trampa que les ha tendido su hijo.

Cambios en el sueño y comida: Aparecen pesadillas e inapetencia y así se muestra un estado depresivo del niño celoso.

Conductas de fastidio hacia el bebé: Lo irritan, le dan pellizcos, le quita sus muñecos o el chupete, lo abruma con excesiva atención física, etc.

Conductas regresivas: Son conductas pertenecientes a etapas evolutivas anteriores ya superadas, como habla infantil, enuresis, uso del chupete, dormir en la cuna, no autonomía al comer…

Obediencia y colaboración: Esta respuesta no implica necesariamente ausencia de celos. A veces el niño actúa así creyendo que comportándose obtendrá toda la atención de sus padres.

8. Diagnóstico de los celos
El nacimiento de un hermano es una causa principal pero no la única para la aparición de los celos. La llegada a la familia de un bebé es un factor necesario pero no suficiente. Más bien se trataría del comportamiento que a partir del nacimiento del bebé empiezan a manifestar los padres, y en especial la madre. De pronto aparecen los comentarios comparativos donde suele salir mal parado el niño mayor y éste se ve minusvalorado respecto al nuevo hermano, que además de ser pequeño, lo hace mejor. Además se le empieza a exigir comportamientos que con anterioridad eran tolerados y se traspasa la permisividad y la tolerancia al pequeño.

Por tanto, ¿cómo se sabe si se está ante una respuesta de celos? Los indicadores que a continuación se señalan son los más representativos y algunos son manifestaciones de ansiedad o depresión como consecuencia de la tensión con la que vive la nueva llegada de su hermano:

- Comportamientos correspondientes a etapas evolutivas ya superadas.

- Incremento de la desobediencia, negativismo u oposición

- Indiferencia o desinterés por todo lo que le rodea, apático, despistado y aburrido.

- El niño se acompaña de una actitud retraída que le lleva a involucrase en actividades solitarias o escasa participación en reuniones familiares

- Síntomas de trastorno estomacal, malestar, dolor de cabeza o vómitos.

- El comportamiento agresivo se vincula a un alto grado de celos.

9. Intervención en caso de celos
Cuando los padres os encontráis sin respuestas y sin soluciones es el momento en que los celos se convierten en una pesadilla. Piense que no es pretende reprimir los celos, sino dirigirlos hacia una experiencia vital positiva y necesaria para el desarrollo social, cognitiva y emocional del niño.

Los objetivos concretos de intervención son:
- Restablecer el equilibrio en la nueva estructura familiar creada por la llegada del nuevo hermano. Esto implica otorgar un nuevo papel a cada miembro, con especial atención al niño mayor.

- Crear una sensación “de equipo” usando conceptos como colaboración, protección, compartir, respeto, individualidad, etc.

- Beneficiar al niño de su experiencia celosa mediante un aprendizaje positivo que le ayude a evolucionar en su crecimiento emocional.

- Modificar si es necesario el estilo educativo de los padres, evitando la comparación excesiva y el reparto del tiempo y atención.

10. Consejos preventivos antes del nacimiento del nuevo hermano
Por muy bien que esté preparado un niño siempre reaccionará con algún grado de alteración, por lo que en el periodo del embarazo se aconsejan las siguientes líneas de actuación:

- El espaciamiento ayuda a minimizar el celo. Se aconseja que sea al menos de 2 a 3 años. Así el niño tendrá un desarrollo cognitivo y emocional suficiente para entender mejor la situación.

- Antes del nacimiento, se deben dar explicaciones adaptadas a la edad del niño en cuanto al embarazo, parto y llegada a casa. Se darán a partir del segundo trimestre de embarazo, ambos padres conjuntamente, breves para evitar confusiones y no se le indicará el sexo hasta que se sepa con certeza, para evitar la frustración

- Hablar con el pronombre “nuestro, nosotros” transmitiendo que el bebé es un elemento más de la familia.

- Si es posible visitar amigos con un recién nacido

- Es aconsejable que el niño escuche los latidos del corazón o pataditas del bebé. Aunque esta pauta no evita los celos, sí es buen momento para hablar del hermano y las cosas que podrán hacer juntos(jugar, ver la TV, ir a la playa, etc.)

- Leer cuentos sobre la llegada del nuevo hermano. La biblio-preparación cumple la función de ayudarle a aclarar dudas que surjan con la lectura

- Si se ha de cambiar al hermano de habitación cuando llegue el bebé, lo mejor es hacerlo con mucha antelación. El niño no debe asociar que este cambio es consecuencia directa de la llegada del bebé, de modo que sienta desplazado.

- Indicar que se deban mantener las mismas rutinas y hábitos diarios del niño (dormir, aseo, comidas, etc.), sobre todo si debe pasar unos días en casa de la abuela antes y durante el parto. De hecho el aumento de problemas de conducta se asocia a la alteración de estas rutinas diarias.

- En el hospital si lo permiten, el niño debe visitar a su madre y hermano a diario; los padres pueden traer al hermano mayor un regalo especial cuando lleguen a casa contándole que el regalo es del nuevo hermano; y es aconsejable que la primera vez que el mayor vea a su hermano no esté en brazos de su madre, permitiendo que él pueda verlo y acariciarlo.

11. La vida cotidiana: crecer juntos 
Tras la vuelta a casa, algunos consejos generales son:

- Se debe reforzar los comportamientos que implican colaboración, afecto, cuidado; el refuerzo social es un buen medio para aumentar la probabilidad de que se dé una conducta.

- No hacer caso de las conductas celotípicas. Por agotamiento o porque el niño se convenza que con esa actitud no va a conseguir nada, la conducta irá cediendo poco a poco.

- El castigo usado eficazmente también puede usarse, aunque sea la última alternativa. Sería adecuado el tiempo fuera y la eliminación de alguna actividad agradable.

- Evitar comparaciones entre los hermanos, rara vez sirven para estimular la superación, sino más bien incrementa la rivalidad entre ellos.

- Enfatizar las ventajas de ser mayor.

- Si existen conductas agresivas, hacerle ver que ésta es incorrecta. Debe prever las consecuencias negativas de su comportamiento para él y para los demás. Debe entender que con la violencia no se resuelven los problemas y la gente le temerá pero no lo querrá. Esta labor no se circunscribe únicamente en estos episodios; debe ser un trabajo educativo de los padres y proporcionarle estrategias de solución por vías más adecuadas sin el empleo de la fuerza y mediante un diálogo y razonamiento, observando en sus padres el comportamiento deseado.

- La creencia de que sus padres han dejado de quererle daña la autoestima del niño, por eso hay que hacerle ver lo agradable que es su compañía, elogiarle correctamente, compartir sus sentimientos, escucharlo sin juzgarlo, transmitirle que se le acepta, evitar ponerlo en ridículo delante de otros, ayudarle a tomar decisiones, organizar actividades donde él destaque y obtener éxito, etc.

- Ante la falta de tiempo, se maximizará la calidad de los encuentros, se evitarán las interrupciones y se atenderán las necesidades emocionales del niño. Se procurará que estas interacciones se produzcan con una predisposición positiva de los padres, lo cual, permitirá compartir un rato agradable y productivo, aunque éste sea corto. 

20 de febrero de 2015

La conducta de los niños en la mesa a la hora de comer

¿Cómo podemos motivar a los niños para que mantengan una buena conducta en la mesa?
Es más fácil de lo que parece, sobre todo si lo hacemos desde que son bien pequeños. Se puede empezar desde bebé. Los niños deben saber que cuando estamos comiendo, aunque sea un biberón, estamos comiendo y no estamos a otra cosa. La televisión debe estar apagada y los adultos debemos dar ejemplo no contestando al teléfono o haciendo varias actividades a la vez. Sólo estamos comiendo y dándole la importancia a la comida que realmente tiene. Un error que solemos cometer es decirle al niño: "pórtate bien en la mesa". Pero, ¿qué es eso? El niño no lo sabe. Tenemos que definirlo y seguir unas normas que van a ser muy claras: se come todo lo que está servido; no se hacen tonterías, es una orden que los niños entienden perfectamente, no hace falta definir y comemos dentro del tiempo que hemos establecido. Cuando indicamos a los niños qué es portarse bien y se lo dejamos muy claro, pero con pocas órdenes básicas que nos permitan englobar el conjunto de todos los hábitos de la comida, vamos a poder regular el hábito de las comidas. Pero es fundamental hacerlo desde pequeños, así luego con 7 u 8 años comerán estupendamente sin haber hecho mucho esfuerzo y sin haber desarrollado ningún problema.


¿Se debe enseñar a los niños a comer como si fuera un juego?
¿Aprender jugando? Gran parte de los aprendizajes que hacen los niños en su vida los pueden hacer jugando, y además el aprendizaje puede ser divertido y lúdico. Pero, cuando son pequeños, simplemente enseñándoles que se van a comportar como mayores, ya les motivamos muchísimo. Un niño quiere aprender a ser mayor y portarse como los mayores, y simplemente diciéndole ¡hoy vamos a aprender a usar el tenedor como los mayores! Ya con eso se sienten mucho más importantes. Si además, le reforzamos con un aplauso o una sonrisa, (no hace falta que sea con un gran premio, no podemos dar una chocolatina cada vez que lo haga bien porque el recurso se desgasta), o le dices ¡qué bien, como un mayor! vamos a conseguir muchísimo. Podemos usar diferentes estrategias y el juego está entre ellas, pero el refuerzo y hacer que se sientan como mayores son muy válidas y prácticamente universales, a todos los niños les va a gustar.


¿En qué nos equivocamos los padres a la hora de enseñar buenos hábitos a los niños en la mesa?
Uno de los errores que más se repiten es: "porque coma hago lo que sea, le entretengo con unos muñequitos o unos juguetes, le pongo la televisión, le permito que esté jugando y traiga un juguete a la mesa o le prometo premios, muchas veces desproporcionados, simplemente porque esté haciendo un acto básico, que es comer". Los niños tienen que aprender a comer y los padres son los responsables de enseñárselo. Deben aprender la importancia que tiene la comida, y cuando estamos comiendo, no hacemos otra cosa. Por tanto, a la hora de comer, televisión apagada y juguetes en la habitación (no tiene que traer ningún juguete a la mesa). Los padres no deben llevar su teléfono o estar pendiente de él en la mesa, porque los niños van a copiar su modelo de referencia. Y además con qué autoridad va a decir un padre que el niño no tenga su juguete, si él tiene el suyo. Hay que darle a la comida toda la importancia que tiene, eliminando elementos de distracción y favoreciendo, si estamos en familia, la comunicación.

¿Por qué debemos apagar la televisión a la hora de comer?
La televisión tiene que desaparecer de las comidas por tres motivos: en primer lugar, les distrae muchísimo. Hay niños que se quedan abducidos delante de la televisión, y piensan que además cuanto más tarden en comer mejor porque más ven sus programas favoritos. Por eso, es mejor que desaparezca. Después de comer ya verán la televisión, pero no tiene que estar encendida en la comida. En segundo lugar, a la comida hay que darle la importancia que tiene. Cuando estamos comiendo ingerimos una cantidad de vitaminas, que nos proporcionan salud, y ellos tienen que ver que nosotros lo valoramos así. En tercer lugar, debeos aprovechar la comida o la cena como un buen momento para hablar en familia de cada uno los temas que puedan ser importantes para cada uno, de las cosas que nos han pasado, y si tenemos la televisión puesta, las conversaciones se dificultan mucho.


¿Cómo podemos ser buenos árbitros en la mesa cuando tenemos varios hijos alborotando?
Cuando tenemos varios hijos, a veces, uno se porta muy bien y otro está chinchando, dando pataditas por debajo, tirando miguitas de pan… ¿Cuál es el error más común de los padres en estas situaciones? Parémonos a observar a los niños, pero también a nosotros, ¿qué es lo que estamos haciendo?: "venga come, deja en paz a tu hermano, que te he dicho que comas, que como sigas así te vas a tener que…" Estamos dándole toda la atención al hermano que se está portando mal, que está chinchando y que no está comiendo, mientras que el otro que lo está haciendo fenomenal no recibe ningún tipo de atención. Luego el niño que está saliendo reforzado, es el que no se está comportando correctamente en la mesa.


Entonces, ¿qué es lo que tenemos que hacer? Cambiar y dejárselo muy claro a nuestros hijos: "a partir de ahora, voy a hacer caso al que se está portando bien, y recordad lo que hemos dicho sobre portarse bien: comer bien, comer dentro del tiempo establecido, no chinchar al hermano y mantener las normas de educación en la mesa". Además, hay que utilizar un lenguaje no verbal muy serio y contundente. Deben saber que por aquí no van a seguir y no van a recibir ningún tipo de atención por vuestra parte. Los que tienen que salir reforzados son los que se portan bien, porque si no muchas veces nos encontramos que los que se portan bien se nos pasan al lado oscuro porque ellos también quieren atención y eso les hace portarse mal.